El docente y deportista Marcelo Deluca sumó un hito internacional al consagrarse campeón mundial de decatlón en la categoría para mayores de 60 años durante el certamen ecuménico celebrado en Daegu, Corea del Sur. Su logro en la alta competencia atlética se entrelaza con una extensa labor formativa y social orientada a personas con discapacidad mental en la zona norte bonaerense, donde lideró proyectos colectivos de alta exigencia física.
Entre las iniciativas más trascendentes de su trayectoria destaca la travesía en la que cruzó la cordillera de los Andes acompañado por 19 jóvenes con autismo. Este proyecto demandó un año de entrenamiento riguroso, campamentos previos y preparación física continua para completar once jornadas de marcha a un promedio de 4.000 metros sobre el nivel del mar entre Uspallata y el límite con Chile.
La hazaña en los Andes junto a una delegación neurodivergente
La expedición cordillerana se gestó como un desafío de integración y superación personal. Marcelo Deluca recorrió previamente el itinerario con uno de sus cuatro hijos para planificar los puntos de descanso y las zonas más elevadas de la ruta. La experiencia involucró a 19 chicos dentro del espectro que concluyeron la totalidad del trayecto de montaña sin excepciones. Al rememorar la travesía, el docente expresó: "Fue una locura y hermosa, hermosa. Y cruzaron todos los pibes, todos los pibes".
También te puede interesar:
• Sigrid Alegría aborda su diagnóstico de autismo y el camino hacia la comprensión familiar
• Histórico avance en La Serena: aprueban comodato para futuro Centro de Inclusión TEA
El proyecto formó parte de las iniciativas del Centro de Actividades Educativas Camino (CAEC), entidad fundada por Deluca en 1990 en Vicente López. Dicha institución ha concretado otras travesías grupales, tales como cruces en kayak por el Delta, expediciones hacia la zona del Aconcagua y recorridos de hasta 16 días por comunidades mapuches en el sur argentino a bordo de un micro acondicionado como casa rodante.
Formación, vocación social y el rol de CAEC
El compromiso comunitario del atleta comenzó en su adolescencia tras convivir durante un año y medio en una escuela de frontera en Cabrería, Jujuy, vivencia sobre la que reconoció: "Eso me quemó la cabeza". Posteriormente recolectó alimentos en el barrio porteño de Flores y recuperó un club abandonado en Vicente López para vincular a chicos en situación vulnerable y a personas mayores de residencias geriátricas.
Tras titularse en Psicología y Educación Física, consolidó CAEC con la premisa de priorizar el potencial individual. Sobre su enfoque, Deluca explicó: "No me importa la discapacidad que tengan, pero sé que ese pibe, después de ese diagnóstico, tiene un montón de capacidades". El centro imparte disciplinas como atletismo, fútbol, psicomotricidad, muralismo, arte, cerámica, baile, yoga y expresión corporal. Asimismo, sostiene una perspectiva integradora orientada al bienestar de las familias: "Que los pibes vayan a andar en bicicleta con sus viejos, manejar un velero, más allá de su diagnóstico, es algo que te llena". En Mundo Autista abordamos testimonios que visibilizan el impacto de estas metodologías en la autonomía individual.
Del atletismo de élite a la práctica comunitaria
En el plano deportivo, Deluca sostiene rutinas de entrenamiento de cuatro horas y media diarias durante seis jornadas semanales. En el Mundial de Daegu compitió en el decatlón frente a 85 atletas dentro de una cita que congregó a 11.600 participantes globales, logrando adjudicarse el primer puesto de la clasificación. Según reporta Mundo Autista, el deportista articula los principios de la alta competencia con el aprendizaje cotidiano, señalando que "está buenísimo que vos estés contento con lo que hiciste porque mañana lo podés mejorar. Eso es lo que te traslada del deporte a este trabajo. No importa cómo te sale, importa que vos sigas adelante".
Desde Mundo Autista destacamos que Deluca continúa su trabajo en Vicente López respaldado por su equipo docente y por Mercedes, su pareja durante 36 años, manteniendo como motor principal una convicción permanente: "Siempre me emocionó ver una sonrisa de los pibes".
Fuentes:
